19.08.2025.- En Zarra, pequeño municipio del Valle de Ayora con apenas 372 habitantes, el nacimiento de nuevos vecinos siempre es motivo de alegría y esperanza. Este verano, el pueblo ha recibido una doble bendición con la llegada al mundo de dos bebés en la misma semana, Dafne Livier y Damián, los días 2 y el 4 de julio, respectivamente, en el hospital de Almansa. Podían haber elegido Requena, pero el acceso en coche tiene más curvas y la madre del primero, Estefanía, bromea con el asunto, “si de normal las curvas del valle rompen filas, imaginad con las hormonas disparadas». Curiosamente, las progenitoras salían de cuentas el mismo día, el 1 de julio, un dato que añade un toque especial a esta historia de vida y arraigo. Dos criaturas que han venido para romper el silencio, en un pueblo donde se respira paz. Cuando Damián o Dafne lloran su eco se escucha en las montañas del puerto montañoso. Han celebrado su primer mes de vida en plenas Fiestas Patronales, que Zarra ha culminado este pasado domingo 10 de agosto.
Los recién nacidos hacen crecer sus familias; Damián es hermano de Joana, que tiene 2 años y medio y es hija de la gaditana Estefania y del paternero Joan. Jaime [diez años] y Santiago [cuatro] son hermanitos de Dafne, hijos de una pareja de mejicanos: Raúl (estudió en su país técnico en famarcia y biología, ahora está en proceso de homologación en España) y Lorelei es arquitecta, aunque ahora no ejerce. Raúl trabaja en estos momentos en el Balneario de Cofrentes, como camarero. Sus pequeños cursan en la escuela rural de Zarra, un símbolo más de la apuesta por el futuro que realiza esta familia, que vinieron, en noviembre de 2023, huyendo de la inseguridad ciudadana de México. Aquí además se asentaban ya los padres de Lorelei, quienes llegaron en 2022. «Vinimos buscando seguridad, sobre todo, para los niños y hemos encontrado mucha paz vecinal», cuenta. Su padre desarrolla su profesión en línea, es periodista, lo que le permitió dar el paso y dejar atrás su tierra. «Nosotros le hemos seguido, aunque de momento no podemos ejercer nuestras titulaciones».
Otras dos historias de arraigo
Estefania y Joan son técnicos agrícolas, especialistas en ganadería ecológica, actualmente regentan una, con más de 450 cabras de raza premium (Malagueña) —los únicos que la tienen en toda la Comunitat Valenciana—. Llegaron a Zarra por casualidad. Ambos coinciden que han levantado su negocio por ellos mismos y que el Ayuntamiento, «no se lo ha puesto difícil, para implantar un negocio que le ha dado más vida al pueblo y recupera su esencia ganadera». También algunos vecinos les han vendido terrenos para que puedan seguir desarrollando su actividad. Es habitual ver la imagen de Joan con sus cabras, pastando por sus campos de Zarra. La leche de calidad de estos jóvenes va integra a una empresa de la Llosa de Ranes. Estos días vivían con calma tensa el incendio que, a consecuencia de un rayo, se despertó en el vecino Teresa de Cofrentes.
Zarra exige un pediatra
Sin embargo, a pesar de esta vida que florece, las familias de Zarra enfrentan un desafío importante: la ausencia de servicio de pediatría en el municipio y en el cercano Teresa de Ayora. Ante esta situación se están presentando reclamaciones para solicitar la presencia que garantice la atención sanitaria infantil, esencial para los más pequeños.
El alcalde, Raúl Martínez, ha expresado que estos nacimientos “suponen una inyección de energía y esperanza para nuestro pueblo” y ha reconocido la importancia de reclamar servicios públicos adecuados que acompañen a quienes deciden apostar por Zarra y su futuro. Se pone de su lado para exigir la presencia de este médico especialista en el pueblo, donde la salud es lo más importante.
En este pequeño pueblo zarrino, donde cada alta en el padrón es una victoria colectiva, la llegada de los dos bebés simboliza no solo la vida que sigue abriéndose paso, sino también el compromiso firme de sus familias y vecinos para construir un futuro con dignidad, cuidados y comunidad. «En Zarra, cada niño o niña que nace no es solo un nuevo vecino: es una semilla de esperanza, un motivo para seguir luchando y un símbolo vivo de resistencia frente a la despoblación», concluye el alcalde.


